Desde hacía tiempo rondaba en mi cabeza el deseo de hacer una ruta de fin de semana por los Ancares galaico-leoneses, uno de esos lugares de cita obligada y que por distintas causas nunca encontraba el momento idóneo de realizarla. Con paciencia todo llega y la espera tendrá su merecida recompensa con esta primera escapada a tan soberbios parajes.
Es sábado y madrugamos algo más de lo habitual para prepararnos y terminar de adecuar el equipaje necesario en nuestra moto. El día parece ideal, en el cielo algunas nubes poco amenazadoras y la temperatura suave a primeras horas, ingredientes que prometen una perfecta jornada motera. No iremos solos, nos acompaña nuestro buen amigo José Luis que viene desde Vigo y al que esperamos en el área de servicio más próximo a nuestro domicilio. Espera breve que aprovechamos para tomar un buen café y un incondicional zumo de naranjas recién exprimidas. La moto nos espera y nuestra ilusión por iniciar el camino va en aumento.
Sobre las 10 de la mañana ya estamos en marcha por la carretera nacional N-541 con dirección Ourense para llegar a Folgoso y tomar el desvío hacia la carretera PO-200 que a través de la sierra del Candán nos conducirá hasta Lalín. Desde aquí deberemos seguir en dirección a Lugo, pero un pequeño despiste mío, ayudado por una señalización muy deficiente, hará que nos desviemos de la ruta unos pocos kilómetros. Sólo han sido 5, pero debemos desandar el camino y volver al casco urbano para tomar la dirección correcta por la N-640, que atravesando las poblaciones de A Golada, Antas de Ulla y Monterroso nos conducirá hasta Lugo. El excelente estado de la carretera y el poco tránsito existente nos permite imprimir un buen ritmo, alegre y divertido. Aunque siempre procurando respetar el límite de lo legal.
Ya en la ciudad de Lugo, decidimos tomar el tramo de autovía A-6 hasta Baralla, unos 40 kms. Antes hemos descansado y repostado convenientemente, ya que una vez en los Ancares sólo dispondremos de una gasolinera en Navia de Suarna.
A Baralla llegamos pronto, mientras vamos atravesando el pueblo me vienen a la mente antiguos y bellos recuerdos de las múltiples veces que habría pasado por esa carretera en aquel Citröen GS, color rojo, en mis viajes entre A Coruña y Madrid (uno se va haciendo mayor). Aún no existía la actual autovía y era parada necesaria antes de enfrentarse al duro puerto de Pedrafita do Cebreiro, en invierno principalmente.
A partir de aquí hemos de continuar por la carretera LU-722 en dirección Navia de Suarna. Una carretera que discurre paralela al curso del río Navia, entre una espesa vegetación y bosques frondosos. Me habían advertido que la carretera estaba en obras, pero ni de lejos podría sospechar lo que nos íbamos a encontrar. Fueron 28 kms de tortura por una carretera totalmente levantada, polvorienta, gravilla suelta, baches, sin señalizar…, un auténtico caos. Lo positivo, que cuando terminen las obras será un excelente paseo.
Superada la carretera y el estrés ya nos encontramos en Pobra de Navia, nos llama la atención su castillo medieval medio destruido y el puente de un solo arco que salva el río Navia. Aparcamos nuestras motos en la misma plaza del Ayuntamiento y nos vamos a la búsqueda del H3 (un restaurante que nos aconsejaron, al lado del río, con muy buen producto y precio). Saboreamos un magnífico caldo de nabizas y un exquisito estofado de ternera por el módico precio de 10 euros, ¡tremendo! Y mientras esto hacíamos, asistíamos con sorpresa y expectación a una gran tormenta de granizo que se desató en muy pocos minutos, acompañada de truenos y relámpagos.
Pasada la tormenta y con nuestros estómagos satisfechos es el momento de ponerse en marcha. Continuamos la ruta por una carretera que pasa por escarpados espacios tapizados de fragas, atravesando las aldeas de Vilarpandín, Virigo y Vilaquinte, es todo impresionante, la Naturaleza en su estado más puro; para llegar a Piornedo y al hotel del mismo nombre, en el que hemos previsto pasar la noche.
Ya asentados en el hotel dedicaremos el resto de la tarde a recorrer algunos rincones y visitar las típicas pallozas, elemento arquitectónico más característico. La cantidad de aperos, utensilios y artilugios que aún conservan en su interior da fe de lo que representaron y del estilo de vida de las gentes de la zona.
El regreso
Decidimos por consenso que el regreso lo haríamos por los Ancares leoneses. La mañana del domingo amanece completamente cubierta de una densa niebla (no es extraño teniendo en cuenta que nos encontramos a 1069 metros de altitud), que se disipa rápidamente en cuanto aparecen los primeros rayos de sol.
Las cumbres del cordal de los Ancares tienen una altitud próxima a los 2.000 metros y aún pudimos ver la presencia de nieve en alguna de sus laderas. Según cuentan, existen múltiples pasos “a pie” para pasar de una montaña a otra que permitieron la comunicación de los habitantes de la sierra.
Abandonamos Piornedo en dirección al puerto de Ancares, pero antes nos desviamos un poco para disfrutar de las impresionantes vistas sobre los pueblecitos de Suarbol y Balouta.
Continuamos el camino con dirección a Cacabelos (León) por una bella y sinuosa carretera (LE-712) que nos lleva al puerto de Ancares y nos permite disfrutar de increíbles paisajes en todo el recorrido de descenso.
Hacia el mediodía y arropados por grandes cerezos plenamente cargados de fruto hacemos entrada en Cacabelos. La temperatura es alta y en la plaza encontramos buena sombra para aparcar nuestras motos. Así que aprovechamos para refrescarnos un poco en una de sus terrazas al aire libre y posteriormente elegimos al azar un sitio para comer, antes de reemprender el viaje de retorno.

El resto del viaje lo haremos siguiendo la carretera N-120, atravesando las poblaciones de A Rúa, Monforte de Lemos, Ourense y A Cañiza. Última parada para hidratarnos y saborear unas lonchitas de jamón que nos sirve de relax y para hacer un breve repaso a las sensaciones vividas antes de despedirnos y desearnos, como siempre, lo mejor. ¡Gracias! José Luis, por tu compañía.
Nos hubiera gustado compartir esta ruta con muchos de nuestros amigos, y hemos notado la ausencia de una persona muy especial, no ha podido ser…, en otra ocasión, quizás.